Cajas de Seguridad de alquiler. Conceptos y Naturaleza jurídica

Los orígenes de la utilización de este tipo de servicio bancario se sitúan en el siglo XIX en la ciudad de Nueva York y más tarde en Londres, de donde luego se irradia al resto del continente europeo. Por lo tanto, habrá que esperar hasta la segunda mitad del siglo XIX, para que se den los avances técnicos necesarios que permiten que el contrato de las cajas de seguridad pueda cumplir su finalidad de protección y seguridad, construyéndose así instalaciones especialmente fortificadas.

La parte técnica de estos contratos consiste en la existencia de lugares blindados subdivididos en varios compartimentos siendo cada compartimento una caja fuerte cuya cerradura especial tiene una doble llave. Se trata de un sistema de coclausura de manera que una de las llaves la tiene el cliente y la otra el banco y sin la intervención de ambas llaves no será posible la apertura de la caja. Además de este sistema de protección adoptado, el banco se asegurará de la identidad del cliente cada vez que éste pretende realizar algún movimiento en la caja, bien mediante la entrega de una tarjeta o a través de la estampación de su firma.

A diferencia de otro tipo de operaciones bancarias en ésta el banco no recibe directamente los objetos del contrato que el cliente desea que sean custodiados, sino que es el propio cliente el que los introduce en la caja de seguridad. Se trata de depósitos cerrados que pueden estar constituidos por diferentes elementos: dinero en efectivo, joyas u otros objetos preciosos, determinados documentos, etc., pretendiendo con este depósito una doble finalidad, cual es la de obtener una seguridad para la conservación de los objetos custodiados y la de mantener el secreto sobre la existencia de los mismos.

En cuanto a la naturaleza jurídica de este contrato se trata de una figura que puede ser enmarcada dentro del depósito o bien dentro del arrendamiento.

Se le puede atribuir la calificación jurídica de depósito en tanto que la finalidad que pretende el cliente es la de conservar o guardar títulos u objetos de valor para que tengan la máxima seguridad, siendo precisamente la guarda o custodia la finalidad típica del depósito.

Por su parte, los defensores de la calificación jurídica de arrendamiento utilizan como principal argumentación el hecho de que no se produce custodia en sentido propio ya que el banco desconoce los objetos custodiados y el contrato subsistirá incluso cuando la caja de seguridad se encuentre vacía de contenido. Además por la existencia de ese desconocimiento acerca de los objetos custodiados no podrá hacerse efectiva la obligación fundamental del depositario, que es la de la restitución de las cosas objeto del contrato. Así pues quienes rechazan la calificación del contrato de caja de seguridad como depósito destacan como elemento característico de este contrato «la cesión del uso de un compartimento adherido al edificio del banco en una instalación fija y permanente». Por lo tanto, lo que hace el banco es ceder el uso de un espacio vacío (la caja de seguridad), a la vez que garantizar ese uso de forma pacífica durante el tiempo de duración del contrato y es por esta razón por la que los autores que defienden esta postura doctrinal son partidarios de la calificación de este contrato dentro de la categoría de arrendamiento de cosa inmueble. Y se considera arrendamiento de inmueble y no de cosa mueble en tanto que las cajas de seguridad suelen ser parte de una instalación empotrada en las paredes del edificio bancario. Esta tesis doctrinal es la que se mantiene de forma mayoritaria por los bancos, incluso queda ratificada en los Estatutos del Banco de España y en su Reglamento. Pero a pesar de lo dicho anteriormente, tampoco podemos afirmar taxativamente que se trata de un arrendamiento puro ya que faltará la posesión del bien arrendado por parte del arrendatario (cliente) y el banco tendrá la obligación de prestar un servicio de vigilancia constante, que no es propio de un arrendador.

En conclusión, en el contrato de cajas de seguridad se mezclan elementos propios del contrato de depósito y del de arrendamiento, por lo que en opinión de algunos autores, Joaquín Garrigues, es necesario inclinarse por la calificación de contrato mixto. Garrigues considera que se trata de un contrato con causa mixta que se funde en un contrato único, ya que es tan importante para la viabilidad del contrato el hecho de la cesión del uso del inmueble como la custodia de las cosas que en él se depositan. Finalmente podemos calificar el contrato de caja de seguridad como contrato atípico integrado por elementos heterogéneos.

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